Escritor de Puerto Rico. Profesional de la salud, ministro cristiano y orador puertorriqueño. A lo largo de su vida ha enfrentado algunas adversidades como la epilepsia desde muy joven y otros desafíos que han fortalecido su compromiso con Dios.
Ha colaborado con la Sociedad Puertorriqueña de Epilepsia, impartiendo charlas educativas y promoviendo la concienciación sobre la salud mental y el bienestar emocional. Su testimonio se ha compartido en medios de comunicación y comunidades religiosas, inspirando a muchos a no rendirse ante la adversidad. Es miembro de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo en Cerro Gordo, Bayamón, Puerto Rico.
Tiene un BIA en Educación Cristiana de la Universidad Teológica del Caribe y recientemente presentó su libro Detente, que es su primer material bibliográfico donde abre su corazón para narrar un camino de sanación, de restauración y de propósito, sobre todo bajo la guía y la gracia de Dios. Ttambién ha enfrentado desafíos como la depresión y vamos a descubrir su historia a través de este libro. Agradecemos a Karina Loaiza que nos conectó.

¿Podrías hablarnos un poco, Radamés, de qué te llevó a escribir Detente? ¿Qué pasó en tu vida?
Déjame decirte que yo era paciente de epilepsia, de niño, a los seis meses de nacido sufrí una caída que me dio un trauma craneal. Seis meses después de esa caída me diagnostican la condición de epilepsia y desde entonces tuve que vivir con esa condición el resto de mi vida. Tuve la oportunidad de trabajar para el gobierno federal de la Universidad Militar en Texas por aproximadamente 20 años y es ahí entrando en Texas donde las convulsiones se desencadenaron de tal forma que yo empecé a tener 15 convulsiones mensuales. Mi jefe me da un retiro médico y yo llego a Puerto Rico en busca de ayuda, de ayuda clínica, de neurólogos que pudieran darle alivio a mi dolor y a la condición que estaba experimentado. En ese momento, el doctor que me atendía me sugirió que en Puerto Rico viera una operación nueva llamada Lobectomy. Esa operación se estaba haciendo para remover el foco epiléptogénico que me estaba provocando esas convulsiones mensuales. En el 2020 me someto a la operación y gracias a Dios la operación fue un éxito. Pero nueve meses después de haberme sometido a esa cirugía aparecieron en mí síntomas tales como depresión, ansiedad, tristeza profunda, llanto, aislamiento. Y un domingo por la mañana mientras me estaba preparando para ir a la iglesia, voy a la cocina, tomo una cuchilla, cojo las pastillas que usaba para dormir, tomo una soga que yo tenía en el laundry y me lo llevo para la iglesia. Una vez salgo del culto, el culto termina a la una de la tarde, me voy, me monto en mi automóvil y salgo en una dirección sin rumbo fijo con la idea de quitarme la vida.
Eran las seis de la tarde, mi familia no había llegado y es ahí donde mi familia decide salir en busca de mi persona, hasta que me encuentran y cuando me encuentran me encuentran prácticamente ya moribundo y como consecuencia de esa acción, de ese acto, de haber intentado quitarme la vida, es ahí donde nace el libro, Detente.
En esa experiencia, ¿tiene que ver algo la epilepsia con la posterior depresión y ansiedad que experimentó o fueron hechos desconectados a nivel clínico?
Yo he colaborado con la Sociedad Puertorriqueña de Epilepsia y se ha demostrado que para muchos pacientes que tienen una condición de epilepsia, el tomar medicamentos anticonvulsivos puede llevarlo a un estado de depresión y de ansiedad. No obstante, no puedo decir que hubo una correlación entre la situación que yo estaba experimentando en aquel momento con mi condición de epilepsia y mis medicamentos, sino más bien fue el efecto secundario y la secuela que dejó aquella cirugía que aunque fue un éxito, me provocó unos efectos secundarios como los que acabo de mencionar anteriormente.
Radamés, en este proceso hubo momentos en que perdió la fe, ¿y cuáles fueron esas columnas, además de Dios por supuesto, en el plano físico para trascender ese desafío?
Sí, cuestioné, cuestioné, eh, ¿dónde estaba Dios en aquel momento? En ese momento, me sentía solo. No obstante, Dios fue tan maravilloso que aunque humanamente yo me pude haber sentido solo, Dios permitió que casi todas las mañanas recibía llamadas de diferentes hermanos de la iglesia, diciéndome, ‘yo estoy orando por ti, por tu familia, para que te puedas recuperar lo más pronto posible y podamos tenerte nuevamente en el salón de clases trabajando y dando clases como maestro y haciendo esa función para la cual Dios te escogió y te llamó por tantos años’.
Todas las mañanas, como te dije, una llamada, un escrito que la gente me enviaba diciendo, eh, ‘no, no desmayes, no desmayes’, no’ estás solo’. ‘Anoche Dios me levantó a las 3 de la madrugada para orar por ti, para orar por tu esposa, para orar por tus ‘hijos y yo decía, sumamente maravilloso. De hecho, en mi libro hay un capítulo que yo le dedico directamente y exclusivamente a las personas que me estuvieron acompañando en todo ese proceso y no me dejaron solo, quienes me acompañaron en ese proceso.
¿Cuál fue Radamés, eh, el momento exacto o si fue un proceso de tu milagro y cómo Dios lo hizo? O sea, si se puede contar, claro. ¿De qué manera?
Sí, sí. Eh, cuando miramos a las gradas, eh, puedo, puedo afirmar que el milagro comenzó en verano del 2024. Verano del 2024, eh, previo a ese, a ese espacio, yo estaba pesando 90 libras, de momento comencé a ganar peso. De momento mi mente comenzó a ponerse más lúcida, me di cuenta que aquellas cosas que yo, yo podía hacer ahora, podía verlas, me di la oportunidad de ver las escrituras y leer la Biblia y para mí fue maravilloso el poder ver que, que aquellas cosas que yo había dejado de entender cuando he terminado la obra, podía leer la Biblia y podía entenderla. Dios se estaba ministrando en mi mente, por experiencia maravillosa y de tal forma que pude ganar peso y terminé pesando 140 libras, que es lo que peso en la actualidad. Y desde entonces, hasta el día de hoy, el milagro que Dios me dio fue tan maravilloso y se quedó como una muestra fehaciente de lo que Dios puede hacer en la vida del ser humano.
¿Y hubo un momento que usted dijo, eh, ¡wow!, Dios me mandó este mensaje contundente en ese proceso?
Sí, Dios me envió un mensaje contundente, eh, para, para hacerme sentir y para demostrarme que aunque humanamente mi mente me decía y me hacía sentir que yo estaba solo, verdaderamente yo no estaba tan solo como yo lo creía. La mano de Dios, me estuvo acompañando y me acompañó todo el tiempo.
De hecho, permítame testificarte que si yo estoy vivo en el día de hoy, yo estoy testificando, fue porque en aquel momento cuando yo intenté quitarme la vida, Dios no lo permitió, porque el propósito que Dios tenía hacia mí no se había terminado, la rienda de Dios para conmigo no había terminado y fue la mano de Dios la que me sostuvo y fue la mano de Dios la que permitió que yo estuviera vivo para testificar que Dios hizo conmigo y lo que Dios puede hacer con cada una de las personas.
¿De qué manera que tengo entendido, orientas a las personas también en la iglesia, que enfrentan esos desafíos de salud mental, eh, cuáles, eh, son los aspectos que trabajas porque también eres profesional de la salud, o sea que se puede digamos que unir esas dos partes? ¿Cómo se trabaja esto y cómo estás viendo en este tiempo si hay muchos desafíos de salud mental también en las iglesias?
Sí, es una realidad la pregunta que me acabas de hacer, Dios en su misericordia me ha permitido esta oportunidad, de a través de este testimonio, poder ir por las diferentes iglesias y diferentes instituciones dando este testimonio y afirmando a las personas que no todo está perdido y tenemos un mensaje que estamos llevando y ese mensaje, ese mensaje de esperanza a quienes están pasando por procesos de depresión, por procesos de ansiedad, de que no todo está perdido y que Dios está presto para ayudarte no importa cuál sea tu situación.
Nos hemos encontrado con personas que sé han estado pasando por momentos de un divorcio, por la pérdida de un ser querido, por la pérdida de la salud propia, por el diagnóstico de una condición catastrófica y eso para ellos se ha convertido como una pérdida, como un duelo, pero Dios, es ahí donde Dios se hace presente en medio del dolor del ser humano, ‘Yo estoy aquí, clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas’ y uno de los mensajes que estamos llevando es que la gente le diga ‘no al suicidio y sí a la vida’.
En un mundo tan convulsionado estamos viviendo, digamos que hoy estamos con una realidad, mañana amanecemos con otra. Hay muchas guerras, hay migraciones forzadas, hay hambre y bueno como mencionamos también las condiciones de salud mental. Incluso todos pasamos por esas situaciones, por diversas situaciones que afectan nuestra salud mental y que podríamos decir que en este tiempo están un poco digamos que con esos desequilibrios, hasta el más fuerte digamos que tambalea. ¿Cómo se encuentra la esperanza cuando se está en estos momentos tan convulsos? ¿Qué me dirías tú?
Cuando las personas por las mañanas ven las noticias, se levantan por la mañana y viene una noticia, prende la televisión, lee el periódico de todo lo que está pasando a su alrededor, de diferentes partes del mundo. Es un espacio en el que la gente tal vez pierde la fe y pierde la esperanza, pero por encima de esa realidad que estamos viviendo, hay un Dios, hay un Dios que está presto, y no me canso de repetirlo, que está presto para socorrerte y darte esa fe que no has perdido, a restaurar esa fe que has perdido y demostrarte que aun en medio del dolor, que aun en medio de la desesperanza, Él se hace presente.
¿Cuáles entiendes tú que son esos aspectos que son como las patas de una mesa para ir cultivando esos hábitos sanos para tener esa salud mental? ¿Y si lo podemos también encontrar en el libro en base a tu experiencia vivida
Definitivamente esa relación con Dios es vital, mantener una relación con Dios. No obstante, el hecho de que tú y yo seamos creyentes y aun busquemos fortalecer nuestra esperanza en Dios cada día, cada mañana, eso no nos exime a tener que pasar por momentos de dificultad, porque en la Biblia dice, ‘en el mundo tendrás aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo’. También nos dice, ‘Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová’. O sea que hay promesas, y una de las emociones que yo pude experimentar cuando pasé por aquella experiencia en aquel instante, fue poderme acercar al texto bíblico, en un momento determinado: ‘había perdido la fe, había perdido la esperanza, y le había pedido al Señor que le quitara la vida, y se tiró a esperar la muerte, y se le apareció aquel ángel , y le dijo, levántate y come, y termina, y anda’. Cuando yo me acerco a ese texto, cuando yo me acerco a ese versículo bíblico, yo puedo aplicarlo mi vida, y puedo ver que verdaderamente Dios tenía propósitos conmigo, y que como dije anteriormente, en la misión que Dios tenía conmigo, no había terminado. Estamos cada mañana con oportunidades y oportunidades, donde yo estuve, qué pasó conmigo, y que Dios puede hacer conmigo.
Bueno, y lo que dijiste, que dice la palabra levántate, se parece también mucho a detente, porque es como un pare, es como un pare. ¿Tú escuchaste esa palabra?
Bueno, el título detente, el título Detente nace en esa dinámica cuando ya yo había terminado de escribir el libro, y yo le digo al Señor, ¿sí? Yo tengo ya el libro ya redactado, pero no tengo el título del libro. Yo quiero que tú me des, no un título cualquiera, yo quiero que tú me des un título que sea unísono con el contenido del libro, y que la gente cuando lo vea se pueda identificar con el título, y una vez se acerquen al libro y comiencen a leerlo, puedan entender el poder de ese título. Y yo fue tan maravilloso, una noche mientras yo dormía aquí en mi casa, Dios no solamente me dio un título, me dio tres títulos, y tres veces cogimos el detenimiento, porque en aquel momento cuando yo intenté quitarme la vida, yo pude haber hecho un alto, un detente, y no lo hice, porque la situación emocional con la cual estaba atravesando no me lo permitió.
Pero quiero aprovechar este espacio para decir que si tú estás pasando por un momento como el que yo pasé, haz un alto, detente, reflexiona, busca ayuda profesional. En la comunidad donde tú vives, en la ciudad donde tú vives, hay médicos especializados en el tema de la salud mental, como muy bien puede ser un psiquiatra, un psicólogo, un trabajador social, e incluso el mismo pastor de tu iglesia, que tenga esa preparación, que te pueda dar esa ayuda emocional que necesitas.
Hay algo que mencionaste desde el principio y que ha sido recurrente, que es que tú pensabas que estabas solo. Entonces, si te tocara ver una persona que quizás no es creyente, pero que sienta que está solo en el mundo porque no tiene a nadie, ¿qué tú le dirías?
Sí, como he dicho anteriormente, da la impresión de que el mensaje es definitivo, pero es demostrar en esa persona que no pierda la fe, que no pierda la esperanza, que aun en medio de esa situación de desesperanza, de desasosiego, que él o ella pueda estar experimentando en ese momento, hay un Dios que le ayuda, y hay un Dios que todo lo ve, y hay un Dios que está presto a salvar su vida, y acompañarle aun en medio de su proceso, y no dejarle ni un instante.
Un mensaje final Radamés, que tú no quieras dejar pasar.
Sí, el mensaje final en este instante: busca a Dios, busca a Dios, y si aún no has conocido a ese Dios, que todo lo puede, a ese Dios que se entregó para morir y darte salvación, él llega a tu corazón en este instante. Y si estás en este momento, como yo dije anteriormente, que sientes que a tu vida ha llegado a la desesperación, la Biblia dice, ‘clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas que grandes y ocultas que tú no conoces’ Este es el momento para que tú clames a Dios, y créeme Él que te va a responder. Créeme que Él te va a responder y te va a extender su mano cuando más tú lo necesites.
Una sola persona que lea el libro, si nos alcanza una sola persona, es una bendición y ya hemos logrado el objetivo.
